Mientras la mayoría asocia la pesca submarina con una actividad recreativa de verano, para Yaiza Romero es mucho más que eso. Esta zornotzarra de 29 años ha logrado abrirse camino en un deporte tan exigente como desconocido, acumulando medallas nacionales y participaciones internacionales. Ahora, tras un paréntesis obligado por las oposiciones, vuelve a la competición con la vista puesta en el Campeonato de España que se celebrará en Cádiz.
Su relación con el mar comenzó desde pequeña: «Mi padre hace pesca submarina desde siempre, mi tío también, y yo desde pequeña he estado en contacto con el mar. Recuerdo pasar los veranos en la zodiac, bañarme en alta mar, ponerme las gafas y el snorkel y chapotear». Con el tiempo decidió probar suerte por sí misma.
Yaiza ha aprendido de manera autodidacta. «No tengo entrenamientos específicos. Hago algo de gimnasio, natación o correr, lo que puede hacer cualquier persona. Y cuanto más voy al mar, mejor estoy». La experiencia y las horas en el agua son fundamentales en un deporte en el que, además del estado físico, cuenta mucho la capacidad de análisis. «Hay que saber interpretar las mareas, el tiempo … No es solo actividad física, depende de muchos factores».
En competición, cada deportista dispone de una embarcación y un lanchero, pero bajo el agua está completamente sola. «Te guías por tus intuiciones». Antes de cada prueba, los participantes estudian el terreno y localizan posibles zonas de pesca. Sin embargo, el comportamiento de los peces añade siempre un componente de incertidumbre. «Los deberes los tienes que hacer, pero el día de la competición puede pasar cualquier cosa».

Yaiza comenzó a competir casi por casualidad, en 2016, durante un Campeonato de España celebrado en Mallorca. «Fui porque era verano, porque era Mallorca y pensé que estaría encima del barco poniéndome morena». Allí se organizaba una de las primeras competiciones femeninas y terminó participando. «Me engancharon para hacer bulto. Éramos seis o siete chicas y me presenté como un día más de pesca». Aquella experiencia cambió su manera de ver este deporte. «Me piqué al conocer a otras chicas que también practicaban pesca submarina».
En 2021 consiguió el bronce en el Campeonato de España disputado en Cantabria. Al año siguiente obtuvo la plata en Cádiz y en 2023 volvió a subir al podio en Galicia.
«EN FINLANDIA QUEDÉ TERCERA. EN TÚNEZ FUIMOS CAMPEONAS POR EQUIPOS Y EN EL MUNDIAL ESTUVIMOS EN EL TOP 10»
Desde entonces ha participado en pruebas en Finlandia, Túnez o el Mundial celebrado en Laredo en 2023. «En Finlandia quedé tercera por muy poco. En Túnez fuimos campeonas por equipos y en el Mundial estuvimos entre las diez mejores».
Pese a competir al máximo nivel, la pesca submarina sigue siendo un deporte minoritario y con escaso apoyo económico. «No puedes vivir de ello». Aunque cuenta con el patrocinio de una marca especializada en material de pesca y buceo, la mayoría de los gastos corren por su cuenta. «Nos tenemos que costear desplazamientos, gasolina, alojamiento y días de vacaciones. Lo hacemos porque nos gusta, pero requiere mucho tiempo y recursos».



La escasa visibilidad también dificulta su crecimiento. «Es una pena porque es un deporte bastante interesante. No es olímpico, no se televisa y mucha gente ni siquiera sabe cómo funciona». A ello se suma el hecho de competir en un deporte en el que todavía existen diferencias entre hombres y mujeres. «Un cuerpo de hombre nunca va a ser equiparable a uno de mujer. Está claro que hay diferencias físicas». También considera que queda camino por recorrer en cuestiones tan básicas como el equipamiento: «Hasta hace poco los trajes de pesca que utilizaba eran de chico. Las marcas están empezando a adaptarse, pero todavía hay bastante por avanzar». Para ella, cada inmersión es también una forma de desconectar. «Me encanta ir al mar porque desconectas de todo, del móvil… y conectas con la naturaleza».
Eso sí, nunca olvida que el mar merece respeto. «No hay que tenerle miedo, pero sí respeto. Saber dónde estás, cómo te metes y qué condiciones hay». Y, pese a las dificultades y los riesgos, lo tiene claro: «No lo cambio por nada».
